En un anuncio de cerveza que pasaron en la TV inglesa hacia 1994 se veía a una mujer que mientras caminaba junto a un río, un sapo le saltaba en el regazo y, al besarla según reza el cuento de hadas, el sapo se convertía en un apuesto caballero.
El caballero, mirando a la bella mujer con deseo, la abrazaba y besaba con tengo fervor que la dama de convertía en… una botella de cerveza !! (que él mostraba con orgullo).
Moraleja lacaniana: gracias al amor de una mujer, un feo sapo puede convertirse en un apuesto caballero (léase presencia fálica en toda regla), mientras que por otro lado, gracias al fervoroso deseo de un hombre, la mujer quedará reducida a una “cerveza, un objeto parcial -la causa de su deseo- un “objeto petit a” en términos lacanianos.
Son pues dos fantasías que por su distinta configuración no permiten hablar de “relación”: la mujer sueña que con su beso el sapo sea su príncipe, la encarnación de su pasión, y el hombre sueña que la dama deseada se convierta en su “cerveza”, en el objeto que calme su sed, su pulsión.
Esta asimetría es el motivo por el cual Lacan afirma que no hay encuentro posible, no hay relación sexual : tenemos a una mujer con un sapo, o bien tenemos a un hombre con una cerveza,
pero de ninguna manera existe la pareja natural de mujer y hombre, que correspondería, siguiendo la metáfora, a… un sapo a una cerveza.
(a partir de una excelente inspiración de Žižek)
Leer más