Existe una anécdota que ocurrió en el primer encuentro entre Goethe y de Schiller, en una conferencia sobre botánica que daba Lineo. Los dos poetas se encontraron fuera de la sala de conferencias, ambos molestos por el seco enfoque intelectual del análisis de la naturaleza. Goethe comentó su teoría de la planta arquetípica. Schiller se detuvo y le dijo: “Pero esto es sólo una idea”. Y Goethe respondió pensativamente: “Entonces, gracias a Dios que puedo ver mis ideas con mis ojos”. En ese momento, con esa afirmación reparó sobre una nueva facultad que tenía: de de ver con el ojo interior, que podía aprehender directamente al ser dentro de la forma.

Todos podemos esforzarnos por aprender y desarrollar esta facultad. Es una forma de pensamiento dinámico a través del cual podemos percibir la Inteligencia creadora en cada criatura de la Naturaleza y cómo en ella se refleja la complejidad infinita del Todo maravilloso. Este enfoque ha sido, para mí, una revelación de profunda importancia.